21 de diciembre de 2008

GEA
Apariencias Que Mienten, Diferencias Que Engañan

PROLOGO

Gea es una ciudad cualquiera… claro para el hecho de que se vive en el siglo XXX, la humanidad después de grandes guerras, dictaduras y grandes problemas, dio un paso hacia adelante, recuperando viejas costumbres olvidadas, se dividió a la sociedad en un sistema de castas, con el cual todos viven felices, la división es tan palpable que incluso ahora los diferentes individuos se miran a sí mismos como especies diferentes, claro ellos han vivido siempre como lo que nacieron, no conocen nada más, ni siquiera la posibilidad de cambiar.

El ruido del tren saca de sus pensamientos al joven que se dedicaba a ver por la ventana como la ciudad cambiaba de los elegantes edificios de metal y cristal a los modestos complejos de ladrillo y madera, así mismo las personas que lo abordaban cambiaban a vestimentas menos elegantes, del lino al algodón, de la seda a la manta, poco a poco se notaba el cambio de casta.

-Estación G-10

La clave indicaba estar en la zona de la casta Gama, el joven se levantó de su asiento arreglo su gabardina color gris y salió caminando de la estación, las miradas se fijaban en él de inmediato, su cabello color castaño claro creaba la confusión, la gente no sabía si era de la clase alta o de clase media, ya que rayaba en el rubio, pero no dejaba de ser castaño, sus ojos por el contrario dejaban claro que pertenecía a la clase alta, azules como el cielo, su piel clara como la crema, su porte y ropas, elegantes, serias, la gente casi le hacía reverencia a su paso, era raro ver a un Alfa entre los Gama.

-Le puedo ayudar señor.

El anciano corrió hacia el joven y con la cabeza agachada se dirigió a él, solo negó con la cabeza y continuó caminando, el anciano lo miró alejarse, era normal que ni siquiera le dirigiera la palabra, es más había sido bondadoso al no golpearlo por la insolencia de hablarle. Llego a su destino después de caminar bajo la mirada escrupulosa de cuanta persona se topaba, qué hacía ahí era lo que todos se preguntaban, que hace un Alfa en tierras de los Gama.

-¿Quién?

Cuestionó la voz de una mujer tras la puerta de la cual el misterioso hombre había tocado.

-Soy yo

Contestó secamente, la puerta se abrió rápidamente y una mujer haciendo reverencias le invitó a pasar, dentro de aquella modesta casa de ladrillo el joven se despojó de su abrigo el cual fue tomado inmediatamente por la dama.

-¿ya llegó?

Cuestionó el joven mientras subía unas escaleras al fondo del corredor, la dama respondió afirmativamente y el chico siguió caminando, ya sin el abrigo su porte cambiaba, se miraba más relajado, más discreto, era un simple muchacho, a duras penas pasaría de los 18 años, y aun así por el simple hecho de ser un Alfa inspiraba respeto. Al llegar al final de la larga escalera de madera el joven miro un corredor lleno de puertas, la madera sonaba a su paso, rechinando ligeramente, veía las puertas marcadas con números romanos, era la sexta a la que entraría.

-Disculpa la tardanza

Dijo al entrar, el joven que ahí se encontraba le sonrió, él lo miró, estaba desnudo, piel morena, ojos marrón, cabello castaño oscuro, cuerpo fornido, a pesar de permanecer en silencio y en su actitud sumisa, su cuerpo por su musculatura imponía más que el Alfa que lo examinaba descaradamente.

-Eres guapo, eso me gusta, por eso vengo hasta aquí, por cuerpos como el tuyo.

Arrogancia sonaba en esa voz, el moreno bajó la cabeza, odiaba esa forma de ser tratado por los Alfa, pero tenía necesidad, por eso aguantaba sus insultos. El Rubio caminó hacia el moreno, levantó su rostro y miro dentro de sus ojos, vio ese odio, esa ira reprimida y quitando la sonrisa arrogante que tenía en sus labios dijo.

-Tú no eres un Gama…

Mirando fijamente al otro, como quien ha descubierto algo impensable, el moreno de inmediato desvió la mirada, tras unos incómodos segundos de silencio, el alfa se dejó caer en la cama que estaba a un costado de la silla donde el otro estaba sentado.

-me llamo Dante, ¿Cuál es tu nombre?
-¿mi nombre?

El moreno se sorprendió ante la pregunta de Dante, porque quería saber su nombre, nunca antes un Alfa le había preguntado su nombre, solo llegaban a lo que iban, tomaban lo que querían, dejaban el dinero en la mesa y se iban, acaso él era diferente.

-sí, eres sordo o qué, ¿Cómo te llamas? 

No, no era diferente era arrogante como todos, era un Alfa.

-me llamo Orión

El alfa sonrió al escuchar ese nombre.

-Vaya tus padres tenían buen gusto, no es nombre de un Gama, ni siquiera de un Beta, es más bien el nombre de un Alfa, pero tú no eres un Alfa, pero tampoco un Gama ¿verdad?

Orión levantó la mirada y vio a aquel hombre frente a él, era un chico solamente, tal vez dos años menor que él, y estaba ahí con esa actitud arrogante, solo para complacer sus caprichos.

-No, soy un Beta

Confesó el moreno, llevado por un extraño motivo, que le importaba a ese Alfa si él no era un Gama, para él solo era carne, un cuerpo para satisfacer sus deseos.

-vístete

Le ordenó, Orión obedeció sumisamente, Dante lo miró, pero algo había cambiado, ahora había un dejo extraño en esos ojos, por un momento habían dejado la altanería, una vez que estaba vestido con sus modestas ropas, el Alfa le tomó de la mano, presionando con fuerza y lo jaló fuera de la habitación, bajando rápidamente las escaleras, saliendo del edificio sin dirigir la palabra a nadie, caminando a toda prisa, lo condujo por las calles, si quisiera podía detenerlo, era más fuerte que Dante, su cuerpo estaba formado, el de Dante era delgado, caería con un golpe, y aun así solo se dedicaba a seguirlo torpemente.

-siéntate

Fue la orden de Dante en cuanto subieron al tren, Orión obedeció sin cuestionar. Dante golpeó con fuerza el piso, el moreno volteó a verlo con miedo en sus ojos.

-No eres un Gama, deja de actuar como uno, eres un Beta, tienes derecho a no hacer lo que te digo, a cuestionarme, eres libre.

Ira… ira era lo que Orión notó en esas palabras, era como si con su actitud hubiese ofendido el orgullo de aquel joven de ojos azules frente a él.

-Lo siento

Respondió Orión, Dante soltó un hondo suspiro y esbozó una sonrisa irónica, se sentó al lado de aquel otro muchacho y acercando sus labios al oído le confesó un secreto.

-sabes, yo tampoco soy un Alfa, soy un Beta, como tú.

Los ojos marrones de Orión se abrieron de par en par al escuchar esa confesión, era imposible, su porte, sus ropas, las leyes no permitirían que él vistiera así, además entonces por qué sus ojos, porque eran azules.

1 comentario:

Darla dijo...

Linnda: O_o Alfa Beta Gamma...
Casualmente de este lado existen tres personajes con esos nombres... tambien un Delta y un Zeta...

Y eso es solo el principio?! Continuara, verdad???