7 de septiembre de 2010

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Era de noche aquel extraño día…

El teléfono de la habitación del hotel sonó en repetidas ocasiones, era muy noche como para que fuera de él, muy temprano como para que fuera de la oficina, y uno sabe que cuando el teléfono suena en la madrugada, rara vez es una buena noticia.

-bueno

Dije más dormido que despierto, cansado y algo enojado porque me despertaran de mi apacible sueño, del otro lado del auricular solo se escuchaba una respiración extraña. Algún pervertido pensé y me disponía a colgar cuando una voz profunda me detuvo.

-no cuelgue Profesor, no querrá perder la llamada que cambiará su vida.

Debo admitir que ese comentario gano mi atención, me incorpore y escuche con atención.

-usted creerá que solo es una broma, pero en la mañana recibirá un paquete que le demostrará que esto no es ningún chiste, cuando lo reciba siga las instrucciones y le daré lo que querrá

Después de esas simples palabras se escucho el zumbido de la línea del teléfono, indicando que la llamada había terminado, mire el aparato, quien era el hombre que había hablado, como se atrevía a saber lo que yo creería, y más importante lo que yo querría. Me puse a pensar en la broma un par de minutos, antes de volverme a acostar y restarle total importancia. Sin darme cuenta había sido programado y a partir de ese momento perdería cualquier dejo de voluntad, limitándome a hacer aquello que querían que hiciera.

-Buenos días señor, tiene un paquete

El ruido del mensajero tocando la puerta me despertó a la mañana siguiente, la luz del sol a duras penas empezaba a despejar la noche fuera, el frio de la madrugada se notaba en los cristales empañados y el roció congelado en las plantas del balcón, me levante con pesadez, me coloque la bata y mire el reloj sobre el buro, las cinco cuarenta y cinco de la mañana, muy temprano para un paquete. Y en cuanto mi meditación por la hora termino recordé la llamada, mis ojos se abrieron con curiosidad, el bromista parecía ir muy lejos.

-buenos días

Saludé al joven al otro lado de la puerta, sus ojos verdes llamaron mi atención, me recordaron a un joven de mis años mozos de la universidad, alguien impulsivo y salvaje, que me hiso vivir raras aventuras, miré la caja de casi cuarenta centímetros por veinte y de una altura de diez, un pequeño paquete color rojo intenso.

-dónde lo coloco?

Cuestionó el joven al que le calculé no más de veinte abriles, le indique que lo dejara en la mesa de noche frente a la cama, le contemple mientras caminaba en la habitación, un cuerpo delgado pero trabajado, cubierto por un pantalón de mezclilla y una playera tipo polo de color caqui. Si no fuera porque ahora estaba enamorado, en otra época quizás, no le hubiese dejado salir de mi habitación sin mínimo un beso de por medio.

-gracias

Dije mientras extendía un billete y firmaba la orden de entrega, el chico me sonrió al ver la denominación del papel moneda, sin más preámbulo salió por la puerta tan rápido como entró, al perderse detrás de esta, mi vista regresó hacia el extraño paquete de forma rectangular y llamativo color.

-qué será?

Me cuestioné por un segundo, para después acercarme a la caja y abrirla con la intención de descubrir que había en su interior. Ojalá nunca la hubiese abierto, ojalá nunca hubiera caído en tan extraño juego.

2 comentarios:

Darla dijo...

o_O me tienes en suspenso, esto no es divertido!!!

Rail Péndragon dijo...

para mi si XD... además ni yo se que sigue jejeje